martes, 14 de octubre de 2008


Poesía
Por Eduardo “Tato” Pavlovsky *

Hay que inventar un lenguaje que no produzca belleza –sino hambre infinita-, mortalidad infantil donde nuestros ojos se desorbiten como estos monstruos sin lactancia.Palabras traídas por las olas donde podamos sentirnos raquíticos –Lenguajes nuevos – alegres en las desgracias – obsceno por subversivo – porque la desgracia es resignación –tristeza–, la acción es la esperanza.
Eso, nuevo lenguaje de nuevas esperanzas. Todos juntos.
Alguna vez aprendamos a hablar otra vez, olvidando el lenguaje anterior, impotente para intensidades. Barroco – Infiel.
Quema de saberes viejos –tiene que sonar pornográfico-, que el lenguaje vomite y excrete realidades, que las olas traigan nuevas palabras barrenadas y nos hagan sentir en el cuerpo sólo un poco de hambre –solo un poco de salud– solo un poco de todo. Las palabras sensaciones.Convulsiones como respuestas.
Eso –que las nuevas palabras del nuevo lenguaje nos hagan epilépticos por un rato.Para confirmar que las palabras han llegado y nos maltratan, nos cadaverizan. Quien sabe, hay muertes por reflujo. Es bueno.
Pero estemos seguros que llegaron, que no son palabras muertas.
Edificios con ladrillos de lenguaje que no sirven más para expresar nada.
Palabras que significan –que quieren abarcar el mundo y ya no abarcan nada–. Palabras que describen conferencias y reunión, que no que no que no que no.Balbuceemos las otras, las que no significan –pero expresan los ojos reventados– los dolores infinitos...los aullidos.
Aprender todo de nuevo... aprender a ignorar todo lo aprendido.
Que explote toda la impostura. Toda –pero toda junta-. Y de esos escombros el lenguaje nuevo.La palabra interdicta, obscenidad de los goces infinitos y de los dolores que ya no caben en lenguajes viejos.
Inventemos. Inventemos todo. Pero que sea loco loco loco.
Enterremos el sentido común. Una gran tumba a la belleza.
A los grandes gestos que nos vaciaron el sentido de algo.Un gran entierro de todo aquello que llamamos humano todavía, que de las olas venga el resto –las palabras nuevas– los pedazos, lo que quedó afuera, las sílabas barrenadas que arrojamos al mar del desperdicio.Sólo de allí –la gran resurrección obscena- de cunas escondidas.
Que no signifique nada. Que exprese el hoy.
El hoy de todos. Blu – blu – blu blu. Blus blus.
Ya vienen, atención. Vienen las olas. Blus. Blus. Blue.
No significan nada. Sólo blug blug blug. Nada nada nada.
Belleza de los restos de las sobras. Poesía de los escombros. Intensidad del mar embravecido. Nada más que eso.A la hoguera con los lenguajes viejos –ya no nos sirven– olor a trampa y a impudicia, no soñemos con el hombre nuevo –rescatemos de las sobras– de los restos –de los desperdicios– de los escombros y de las cunas palabras que hemos arropado y que las olas traen –y construyamos un lenguaje nuevo con fuerza de obscenidad– inventemos la potencia de las nuevas palabras –no cambiemos a los hombres– cambiemos su lenguaje –su retórica encallecida– que envejece, que hace vivir a medias con tristeza. Un nuevo lenguaje alegre –potente– para un nuevo hombre.
Pero necesitamos arrasar con todo – arrasar – arrasar – arrasar.


* Psicoterapeuta. Autor, director y actor teatral. Entre sus numerosas obras se encuentran El Señor Galíndez, Potestad y La muerte de Marguerite Duras.-
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