un poema místico que nos sana en dolor

Manuel, en importante feria del libro, meditando en el vino oscuro de la poesía y su relación con los sueños.
Epístola desde el olvido
Despejaré las cataratas de los mendigos fuera del templo.
Díganles que allí me esperen.
Tocarán mi pata sucia y sanarán de sus ovarios podridos las meretrices.
Que también esperen allí.
Como a lagartijas le crecerán piernas y brazos a los impedidos.
Y el pan, fuera del templo no será más ilusión ni olor de panaderías.
Todos (as) serán bellos (as) como niños (as) otra vez.
Y dirán alegría y reirán a mandíbula batiente.
Se juntará la multitud y sus perros sarnosos fuera del templo.
Entraremos todos y echaremos a los mercaderes.
Mientras más seamos más crecerá el amparo de ese templo.
Será como el mundo que mostraré con mi mano
Cuando vuelva del exilio.
2 comentarios:
es el hambre insaciable de la bestia que lleva dentro Y solo saciará con el exterminio del cuerpo, con la misma muerte.
Anónimo: Hay poetas atormentados. Lo sé. No es mi caso. No contengo bestias. Ni tampoco me atemorizan, menos la muerte que predices.
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