domingo, 17 de febrero de 2008

La Noche del Hastío



























Prólogo

Esta ciudad, este siglo


Sólo techos sucios, cajones de sombra
Oscuras paredes habitadas por gusanos negros



Poesía que se pretende celebratoria y queda en un blues: el grito triste del macho urbano en medio de la oscuridad, entre fritangas, llanto de bebés y el sonido zumbón del televisor. Aldo Luis Novelli no cuenta, sólo retrata: toma instantáneas de una ciudad sesgada por la producción petrolera, cuyos detritos aparecen constitutivos del paisaje esencial. En ese ámbito, el poeta es un boxeador que golpea con adjetivos en lugar de puños el aire que lo rodea, su sombra y los fantasmas. Y lo único que, además de la basura ciudadana y las referencias domésticas está en el hábitat poético es la noche, inmensa y vacía, interrogante y sugerente.
Hay imágenes que sorprenden porque hacen estallar la tersura de la narración poética. Por caso, el oxímoron ocurre en una silla, cuando el cura, al doblar su sotana “encuentra la bombacha que María, hacía días buscaba con desesperación”.
A punto de suceder: lo ominoso en Novelli es una costumbre. De la misma manera que en Raymond Carver o en John Cheever o en Sam Shepard y en Antón Chéjov, el maestro de todos ellos, –y las menciones no son ociosas-, en esta poesía hay algo por ocurrir, y ocurre aunque nadie salvo el autor parezca darse cuenta.
Narra a dentelladas, narra a puñetazos, narra con esos silencios recortados, tensos: hay perros y ratas; hay una costumbre, hay seducciones y resistencias, equívocos en las miradas y también ironías despellejantes.
Su posición arquetípica consiste en estar sentado: sentado a la mesa de un bar; sentado mientras mira pasar las cosas. También en eso respeta el código anglosajón: ellos se sientan a beber, a mirar, a hablar, a ver tevé. Se sientan a dominar el mundo y es entonces cuando no controla su personalidad: estalla, antes o después de escribir. Por lo tanto, la escritura siempre está haciéndose.
Novelli usa el gerundio como un norteamericano: busca en el presente continuo ese fluir permanente y actual de la conciencia y entonces su obra se transforma, crece delante de los ojos de lector.
Uno mira a Erdosain caminar por la ciudad que lo anula, pero acá –en esta ciudad cosmopolita del norte de la Patagonia- sólo quedan los residuos del planeta globalizado.
En una escritura que inaugura la voz de esta ciudad en el comienzo del siglo, Novelli se propone poetizar desde el revés de la trama: lejos de la poesía regional y en las antípodas del folklorismo; espantado por las actividades productivas y la posible benevolencia de los bien pensantes, toma lo que necesita y descarta el resto. Así hace de su escritura un acto fundacional y originario que procura poner en su lugar –en un lugar designado por el poeta-taumaturgo- los objetos y los hechos de la vida cotidiana.
El poeta está sentado, en presente continuo, generalmente ebrio y de noche. La noche triste de Contursi, la noche del negro que canta el blues con un único futuro en la desesperación.
El amor es un dolor, sobre todo, es una construcción entre él y la nada, entre él y la sombra que lo amenaza.
El erotismo está en la forma en que acaricia las palabras, en que el ritmo se desdobla como en el contrapunto entre un bajo y un saxo, o entre las guitarras de BB King y Clapton. Suena a blues, huele al aserrín con kerosén que limpia los bares de vómitos, puchos y alcohol al amanecer.
Esta poesía colisiona con la realidad, con la palabra, con el futuro, con el pasado. No hay claudicación posible, y el lirismo es apenas un remedo nostálgico.
Justamente el verso de Novelli cae como un hachazo triste que desnuda las ingenuidades hipócritas y los brillos innecesarios de lo poéticamente correcto. Un ejemplo es el poema “El encendedor”, que lleva hasta la exasperación la tensión del diálogo desgastado de una pareja y espanta las buenas conciencias tan de moda.
Esta poesía tiene hondura de batallas: la del hombre común acorralado por sus obligaciones, la del amante cuyo único patrimonio es la fantasía y la decepción, la del noctámbulo que pretende asomarse a la noche y cae borracho en una esquina o en un bar y así se transforma en testigo mudo de la pasión ajena.
No es posible hablar de la poesía de Novelli sin apelar al vocabulario bélico y su asimilación con la pasión erótica.
Esgrime –otro verbo de riña- su principal hallazgo en la pasión erótica: la hembra que duerme y descansa al lado del macho saciado. La hembra que domina desde el silencio, en la soledad de la post-pasión cuando la “petite mort” cede su lugar al vacío.
La futilidad de la pasión es atávica, a tal punto que poco ha cambiado desde la vida cotidiana en las cavernas a la actual, al menos en el plano de lo amoroso. Curioso: la ternura se oculta tras dolorosos esguinces y el poeta apenas se atreve a designar sus sentimientos: el instinto funciona como un escudo eficaz ante cualquier claudicación.
Lo otro –la otra- es lo ominoso.
Lo extranjero es también lo femenino: la hembra, la noche, “la luna que se quita” o “los ojos húmedos estaquearon la luna”. Y también es femenina la ciudad... esta ciudad, esta época.


Gerardo Burton - Poeta
Neuquén, junio de 2003.-






























He soñado más que lo que Napoleón hizo.
He apretado al pecho hipotético más humanidades que Cristo,
he hecho filosofías en secreto que ningún Kant escribió.
Pero soy, y tal vez seré siempre, el de la buhardilla,
aunque no viva en ella.

Fernando Pessoa
(Lisboa, 1888-1935)



La ciudad me ha enseñado infinitos temores:
un gentío, una calle me han hecho estremecer,
un pensamiento a veces, espiado en un rostro.

Cesare Pavese
(Santo Stefano Belbo, 1908-1950)



Poemas del libro
























En la Tasca

Sentado a esta mesa
bebiendo un vino que no saboreo
charlando con alguien al que no oigo
y según dicen es un poeta del norte,
ella
a dos mesas de distancia
habla y ríe sin pudor,
goza plenamente de esos momentos
en que las miradas la rodean.
Ella que no sabe
dónde estalla la soledad,
o cuántas ausencias me trago
en este vaso de vino.
Ella
que no sabe de la angustia de los ojos
cuando su cuerpo se torna borroso.




Primer homo

El poeta dice: 'mientras sostengo este mentón milenario',
y yo apoyado en mi mano derecha,
siento un peso ancestral que me conmueve, me sobrepasa,
imaginar la infinita sucesión de padres
que me han dado ser,
pensar - en un acto imposible -
en los perversos, los justos, enloquecidos y humanos ancestros
que me conformaron
hasta llegar al primer homo,
a ese semihombre y mediobestia
que desoyendo todo discurso científico
sobre su primitivo cerebro,
en este instante, hace millones de años:
se sienta en la roca a descansar su sexo
mira la hembra acostada en la tierra
y piensa en mí
aquí sentado, en una desvencijada silla
descansando del sexo de mi hembra,
garabateando un papel
en esta pastosa noche de verano,
mientras él, apoyado en aquella roca
sostiene absorto
su mentón casi animal.



Visita

La fui a ver con alguna excusa
- hola como estás - me dijo
y pasé a su living.
Tomamos un café y charlamos de nada y de todo.
La verdad, que mientras hablábamos
estaba especialmente preocupado en descubrir
si estaba sola, si no había nadie en las habitaciones.
Estaba contándome sobre las últimas
aventuras del hijo menor,
pero yo solo pensaba
en levantarle el vestido
arrancarle con violencia la tanga
(que se traslucía con el sol)
y penetrar en su delicia dulce y mojada,
así, sentado como estaba
y ella cabalgando con fervor
sobre mis piernas.

Después nos despedimos con un beso
- no te pierdas - me dijo, al salir.
Justo a mí, pensé
que siempre me pierdo cuando la veo.



Por estas cosas

Al final de este verso empezaré a amar,
no será un vuelo de garzas en el resplandor de la tarde,
no, no será una imagen tan bella
este amor de palabras transpiradas.
Me conformo con una lluvia nocturna
golpeando los cristales
en esta viscosa noche de verano,
me conformo con un poco de tabaco con un poco de lluvia y
algo más que eso, de algún vino oscuro.
Sucede que me provoca la sintaxis de este verso
casi tanto como la gramática de tu cuerpo.
Y todo esto considerando
que no soy un don Juan de la palabra
ni siquiera un amante latino
de bibliotecas deshabitadas,
pero aún así me deshago sin remedio
por tus pechos encendidos
tu ombligo luminoso tus nalgas inexplicables.

Por estas cosas
me desvivo en la soledad de la noche,
por estas cosas doblego la palabra muerte
hasta hacerle morder su propia cola.

Por estas cosas y unas pocas más
al final de este verso
empezaré a amar.-




Presentación de ‘La noche del hastío’ en Viedma
por Aldo Luis Novelli

La escritura de este posible libro, me llevó mil noches y un hastío.

Mil noches de esperanza, desazón, locura, sosiego; lujuria, escritura, reescritura, tachaduras, sudor, frío, fuego y algo, apenas algo, de inspiración.
Mil noches y un hastío, hastío de mundo, hastío de mí, obscuro y nocturno hastío, hasta el hastío del hastío, allí en el profundo y abismal hastío, donde nacen esas palabras, esas palabras que se rebelan contra el hastío del mundo.

Por esas cosas escribo, escribo sobre el cuerpo de ella, por esas cosas, doblego la palabra muerte, hasta hacerle morder su propia cola, por esas cosas y unas pocas más, al final de este libro empezaré a amar.

Homero me regaló esas noches, en que perdido en el laberinto, acompañado por un perro flaco y desdentado, desenrollaba palabras buscando al Minotauro, no para matarlo, sino tan solo para preguntarle por la suerte de mis amigos, aquellos que siguen matando por el amor de una mujer.

El minotauro acompañado en el lecho por una bella virgen, ese magnífico grabado de Picasso, ilustra la tapa del libro, y sucede que para mí, escribir, es de alguna forma, convetirme en un monstruo con cabeza de hombre, encerrado en el centro de un laberinto kafkiano.

Esa bella virgen, sensual y voluptuosa, es la poesía.

Ustedes son el laberinto.

Yo soy el monstruo.-

-----------------------------------------------// aldo luis novelli.





Crítica al libro "La noche del hastío" por Claudia Sastre
Poeta y crítica literaria


La noche del hastío - Aldo Luis Novelli
Editorial Limón, Neuquén, 2003.

¿Puede un libro dar cuenta de una noche, una única noche de un animal humano desesperado, transpirando alcohol y hastío desde el fondo sus venas hasta la superficie de su cuerpo? ¿Puede? Lo dionisíaco se ha vuelto fatal, el poeta, encerrado en su cuerpo, percibe a la noche cayendo, a la noche arrimándose como una bestia en celo, que lo cerca y lo hace pisar y tambalearse al borde del vacío.
La casa del ser es el lenguaje, pero el lenguaje se palpa dentro del poeta y el poeta se abisma.
Los amores perdidos y/o extraviados, los vasos, tintineando primero, opacos y sordos, después, los animales que pueblan la memoria.
Aldo Novelli, con aciertos y con excesos que lo delatan de romanticismo nocturnal, nos embriaga en esta noche, única, de hastío o de spleen.
Con un prólogo, desde algunos conceptos objetable, de Gerardo Burton , el libro de poemas de Aldo Novelli se compone de seis partes ("Prólogo", "Por la calle/ en la noche", "Cerca de la madrugada", "Durante la rutina del día", "Conjeturando en las noches", "Tanto amor me intimida", "A modo de inacabado final") que recorren la noche, principalmente, pero también sus límites.
Este libro mantiene un tono que nos recuerda lo mejor de Bukowsky y de Carver (allí si coincido con Burton, con respecto a Carver, digo), apropiado para generar una poesía que no dogmatiza ni enjuicia, pero que desde lo subjetivo se posiciona (y muy fuerte) ideológicamente.
Para mí, los mejores momentos del libro se ubican en Cerca de la madrugada, sobre todo, un poema:

Despedida anual

Hablaban reían y bebíamos/
el humo formaba extraños animales
en el aire de la noche.
El fuego borraba la memoria y emitía señales humanas
a mundos desconocidos.
La vaca descuartizada había cumplido su cometido final/
otro animal caliente merodeaba la escena
reclamaba encargarse de los restos óseos.
Una inesperada canoa incendiada atravesó el río
creando estupor en los corazones ebrios.

A esas horas del festejo
los chistas verdes se tornaron agresivamente personales.
Faltaba poco para el homicidio estadístico/
pero el suicidio de la noche llegó antes
y cada uno partió a su cueva
arrastrando los restos de otra despedida anual.-//
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