lunes, 30 de marzo de 2009

La poeta y docente Marta Goddio de Santa Fe nos regala esta crónica de viaje por la cordillera neuquina y un bello poema a Juanita Puel






















MEMORIAS DE VIAJE

JUANITA PUEL…

En la provincia de Neuquén, muy cerquita a Villa Pehuenia, bordeando el Lago Aluminé, se accede a un angosto camino de tierra enmarcado entre la frondosidad de ñires y pehuenes que mantienen ocultos los lagos y lagunas interiores.
Por este camino es posible llegar a un hermosísimos paraje: “Pu weri- Quechu Lafguén” (Bienvenidos a las Cinco Lagunas) reza el cartel de madera junto a la “ruca de informes.”
Es un campamento agreste administrado por ocho familias de la comunidad mapuche puel, con viviendas muy alejadas unas de otras.
Es en este sitio, donde desde julio descansa, bajo la sombra de un magnífico y antiquísimo pehuen, Juanita Puel.
Tres cruces de madera, mucho más antiguas, con coronas de flores desteñidas, atestiguan que no está sola.
La de Juanita, además del nombre, tiene grabada una fecha: 5 de julio de 2.005.-
No sé por qué razón, me detuve tanto tiempo en ese sitio.
Me quedé sentada bajo esa sombra, disfrutando los silencios, atendiendo los ecos internos. Observando las velas gastadas, protegidas del viento por el hueco del propio tronco, al pie de las raíces.
No se por qué, no me atreví tomar la pequeña cajita de fósforos que también resguardaba el corazón del pehuén para encenderlas.
Francesca, mi hija, con la sabiduría de sus entonces cuatro años, había advertido inmediatamente lo sagrado: apenas llegamos al lugar, se detuvo junto al río de agua clara que cantaba entre las piedras y detuvo nuestro paso.
Con su ingenua firmeza nos advirtió: “No pisen las plantas porque son de la chica que canta en el agua…”
Ella sabía, pequeña criaturita, que ese sito era un santuario. Y nos lo enseñó.
Miré la cruz de Juanita, con su nombre grabado a fuego, las flores de papel nuevas junto a otras de plástico… Sentí que quizás, ella era la chica a la que Francesca aludía.
Se me grabó en el corazón el nombre de Juanita. A fuego. Como en su cruz.
Mas tarde comprendí que no había sido una casualidad que me encontrara con sus nietos.
Ella andaba a las vueltas.
Sentí su beso en la mejilla cuando Raúl y Nihuil, que venían a caballo, detuvieron la marcha, se acercaron serviciales, y empezaron a contar…
Raúl, de unos diecisiete años, soñaba con seguir estudiando, en la universidad, como dos de sus siete hermanos.
-Uno estudia gastronomía y el otro veterinaria….yo quiero hacer una carrera corta…Educación Física, para poder seguir ayudando a los que vienen detrás….” Decía mientras con la mirada señalaba a su hermanito menor:
El chiquito, marcaba orgulloso la pose, antes de pronunciar su nombre: “Nihuil Ataná Cirilo Puel.”
Nihuil… fuerza… Ataná…regalo de Dios… me explicó…
Nihuil, comenzaba ese año la escuela…”pero no me quiero albergar..” –protestaba…
En invierno, los chicos quedan albergados semanas enteras.
Cada tanto, los maestros se toman una semana de franco, entonces los chicos pueden regresar a sus casas.
Concurren a una Escuela Albergue, que está sobre la ruta, a veinticinco kilómetros del lugar. Un transporte escolar se ocupa de buscarlos y llevarlos a la escuela.
-“Yo no me voy albergar… me voy a ir a caballo…así puedo volver”- insistía interrumpiendo a Raúl que intentaba contarme de las plantas del lugar.
Por Raúl aprendí que los ñires, son árboles que alcanzan grandes alturas, pero que también suelen quedar achaparradas convirtiéndose en trampas mortales en invierno cuando la nieve las cubre.
Por él supe que en ese lugar la nieve llega hasta cubrir cinco metros de altura, y esas plantas, que apenas se ven, se convierten en pozos donde pueden quedar atrapados.
Para prevenir este tipo de accidentes, es que construyen con caña colihue una especie de plantillas gigantes, que sujetan al calzado.
Era enero, y ya estaban juntando la leña para el invierno.
“Cinco camionadas necesitamos para asegurarnos que alcanzará..”- con dos, en septiembre ya se termina…”
En invierno, nadie sale… y si lo hacen, es a caballo, en bicicleta o a pie.
Aluminé, es la ciudad más próxima. Rara vez van hasta Zapala o Neuquén.
Además, la ciudad no les gusta. Es peligrosa..”uno se puede enfermar..”
-Es un problema cuando alguien se enferma…. Hay que ir a ayudar, a caballo…
Le conté que había visto, en una de mis caminatas, una casa con grandes corrales…Se le iluminó la cara…
-Ahí vivía mi abuela. Murió hace poco…Murió porque tenía una enfermedad de más de veinte años, que no sabía… acá es raro que alguien se enferme. Acá no hay virus. Si vamos a la ciudad, nos traemos los virus. Por eso tampoco vamos al hospital.
Por ellos supe que las tres cruces que la acompañaban correspondía al papá, a la mamá y a una hermana de Juanita.
Raúl se quedó un rato largo hablando… contando cómo las familias se sostienen, con los recursos que obtienen del campamento con el que constituyen un fondo común..
Las familias se turnan para atenderlo. Dejan una parte para el “fondo comun” y el resto se lo reparten entre las dos familias que atendieron esa semana la ruca de informes.
El “fondo común” lo utilizan para comprar alguna bolsa de harina si algunas de las familias de la comunidad lo necesitan …El invierno es riguroso y costoso…

Nihuil…. fuerza…“Ataná”… regalo de Dios … ya está llegando el invierno, seguramente estarás “albergado”.
“Regalo de Dios” , beso en la frente de Juanita el habernos presentado… La más preciada postal de viaje que conservo en el corazón.

Quizás, alguien llegue hasta la Escuela Albergue Evangélica. La de ladrillos colorados, que está sobre la ruta, frente al lago.
Quizás, alguien pueda contarle a Nihuil que un poema nombra a su abuela Juanita, a modo de agradecimiento por el regalo que me ha dado.

Para Nihuil Ataná Cirilo Puel, en memoria de su abuela, Juanita Puel, la que descansa bajo el pehuén, cerquita de Villa Pehuenia, junto al lago Aluminé, en la provincia de Neuquén.



JUANITA PUEL

Juanita Puel abandona el hueco
del pehuén que abrazó dormida
junto a la sombra del invierno.
Sale y enciende de una sola vez
con su vela eternamente encendida
la luz del amanecer que flota
esperándola, siempre…

Sopla en el cuenco de su mano,
burbujitas de aliento
para que estallen y se liberen
los trinos de todos los pájaros
aquellos que acunó dulcemente
en su regazo de hojas
a constante y rutinario silbo de viento,
alternando silencios.

Juanita Puel desovilla a luna
que se quedó enganchada entre los cerros.
Despierta a la música dormida,
extendida, desnuda y frágil
en los cristalinos espejos del cielo.
de este Sur azul, ignorado, infinito y solo.

Juanita Puel sube y baja
por las escarpadas laderas de los misterios
esculpiendo vidas y nombres entre los peñascos,
recogiendo las tintas esmeraldas y puras
disueltas en el río estruendoso
que baja veloz bramando historias.

Juanita enlaza –paciente- los milagros
que florecen magníficos y plurales
frondosos y silvestres,
cada vez que ella, le trenza al Sol
una coronita de amancay y retamas.
Marta goddio.-
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