martes, 6 de abril de 2010


La escritora argentina Marta Zabaleta, exiliada durante la dictadura y residente en Gran Bretaña nos acerca este poema donde la poesía, su vida y la nostalgia del exilio se entrelazan en un texto conmovedor

















Carcel de Devoto en Argentina












Visita en Villa Devoto



El cafetín de Devoto

A las víctimas de la Operación Cóndor en Argentina, a nuestros hijos, a mi amiga Dolly Grunman de Alvarez


“Traful, recuerdo con una quizás indebida alegría el año entero que pasamos enjaulados en un coqueto ambiente de 1, 5 x 1,80, con todos los adelantes (inodoro, piletita, lampazo). Leíamos desde las 6 a.m. hasta las 9am, hora de ir al recreo. En la tarde, después del recreo vespertino cantábamos a dos voces y los otros "internos" creían -promoviendo nuestra más sincera vanidad- que había una radio en el pabellón. Los dos 1 de septiembre en que convivimos canté para vos "Le temps des cérises". Un primero de febrero vos me cantaste un estilo de Gardel. A la noche, inventamos una ceremonia muy graciosa (para nosotros) con el objeto de preparar los catres. Podíamos a veces pasarla muy mal, pero éramos -¿lo diré?- felices. Nos fortalecían la esperanza, los ideales, las canciones, las lecturas y el sentido del humor. Y tu inmensa bondad solidaria”.
Emilio de Ípola * 9/5/2009



Devoto tenía ese que sé yo, ¿viste?
detrás de ningún árbol se me aparecía él.
Mezcla rara de penúltimo linyera y de primer polizonte a la luna
no se me aparecía en la larga calle de la cárcel. Sin árboles.
Los piantados estaban bien adentro. Presos. Presos. Todos.
El Cafetín abierto, con coraje y bronca.

Mañanitas de Devotocon madres de socialistas
Presos. Chilenos. De antes del golpe.
Acampadas en la noche un número me guardaban
pues yo tenia una hijita. Por eso llegaba tarde,
a eso de las siete esperas, yo llegaba.
Al lugar de las chilenas, bien adelante en la cola.

Llegaba siempre nerviosa y ya agotada:
nos acostábamos las dos a las tres de la mañana
siempre vestidas, mi nena y yo,por si nos secuestraban de madrugada
ella pensaba defenderse
con el palo del rastrillo de la playaque todavía guarda bajo su cama.
La dejaba durmiendo, con su nanita Silvia Ibalde
recién llegada, salía a escondidas
sin saludar al portero, si podía, y caminaba
y caminaba ycaminabaa riesgo de extenuarme, para que nadie supiera
de donde había partido.
Siempre encontré complicado eso de pedirle al tachero que me llevara.Por más que caminara, cuadras y cuadras, pasar anónima en Buenos Aires no era sencillo: decir Cárcel de Villa Devoto y azorocharme. Vendrían luego los cuentos, consejos, retos con amenazas, y hasta alguno que otro requiebro, quejas del alma, mi marido chileno,
el preso Alberto, hubiera dichoque todo era más simple, los encontrabas
porque les hablas y te seguirían todo el tiempo
desde antes de caer en cana…
Desde Belgrano R hasta la cárcel, de un de repente, yo descansaba, revisando en la mente
si llevaba el dinero que debía depositarle en la cuenta
Banco Nación sucursal de la cárcel, para que le dieran
pan y mate cocido. Palos. El resto, hambre.Por meses, no le entraron ropa. Después los utensilios de tocador, entregados desde la cola, sin poder verlo. Y las requisas.
Y dejarlo sin visitas. Estaban suspendidas ¿habría traslados?
Sangre y terror, sin lágrimas. ¿Quién moriría?...Aserrín aserránlos maderos de San Juanpiden pan, no les dan,piden queso, les dan hueso
y les cortan el pescuezoEsas mañanitas de Buenos Aires
donde en la cola estaba
una de las hermanas del Che Guevara.Parada por horas, reclamandoel derecho de los presos de querer ser mirados.Y una media atontada, agonizaba primero
en el barcito ubicado justo enfrente de la puerta de la cárcel.
No tenían medialunas, ni milanesas:
compañeras nerviosas, madres llorando, hermanas tristes, alguna que otra esposa, y hasta un hermano, dos padres, harto humo, café y miedo
mucho miedo; pero nunca un tango.
Y muy importante, había un baño.

Después, pasar adentro, humillación y espanto.
La cola: hijas, hijos, de pocos añosllevándole un clavelel día del cumpleaños a su madre.
Sería la hora en que los esbirros
comenzaban a tomar el mate amargo, que escupían a tu paso.También la del primer güisqui mío del día, en ayunas, sin hielo ni soda
para darme coraje, desasustarme.
Paren las bembas.
Tómense un trago, que ya lo’vamos.Vos no tenías wisky y bombones, cafetín de Devoto,
como aquel bar bienudoadonde para a pocos selectos
tocaba el sexteto del gran Piazzola.
Un dia charlando le pedí que tocara en el Luna Park
para mandarle fondos a los presos en Chile,
En el Luna Park? Se sonrió con tristeza, y comentó:
...Pero son tantos…
Y claro, hay que hacer algo, por eso…
…¿Quién va a pagar por escucharme, Marta?
Miraba con ironía, tal vez tristeza,
aquella tardecita loca de Buenos Aires.Esas que tienen ese algo, un no sé qué, que te hace sentir tan sola cuando hacés cola. Por un númerito, para irte al exilio,
por una sopa o volando a la muerte.Aunque no quede pan, les sobran balas.

Como olvidarte en esta queja
cafetín de Buenos Aires
si sos lo único en la vida
que se pareció a mi vieja.


Marta Zabaleta ©, Londres, 11 de marzo 2010, cuando en Chile asume el gobierno el pinochetismo, que nunca dejó realmente el poder.

Capítulo de: “Dulce de Leche, pseudo memorias de Lucia Salazar”.


* Horacio Traful Baldomero Alvarez Grunnman, chileno-argentino, fue secuestrado en Buenos Aires el 7 de abril de 1976. Apareció mas tarde en al cárcel de Devoto y luego de la inspección de Amnisty Internacional, fue trasladado a la Unidad 9, La Plata, a cuya celda hace referencia su colega y amigo Emilio de Ipola, autor de este epitafio que escribió en la webpage de Traful (http://www.trafulalvarez.com.ar/ppal.htm) dos años después de la inesperada muerte de la muerte de Traful en el exilio en Francia, 2007.




Fotografías de sus hijos en aquellos días


Yanina Andrea Hinrichsen Zabaleta, 3 años, abril 1976


















Tomás Alejo Hinrichsen Zabaleta, Glagow, 9 meses, nacido en el exilio el 1 de septiembre de 1977.

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